El dolor abdominal en niños es uno de los motivos de consulta más frecuentes en pediatría. Entender su origen puede ser confuso y estresante para los padres, pero es importante saber que la mayoría de las veces no se debe a una enfermedad grave.
En muchos de estos casos, el dolor se relaciona con un trastorno funcional del sistema digestivo, conocido actualmente como trastorno del eje intestino-cerebro.
Este concepto se refiere a la estrecha comunicación bidireccional que existe entre el sistema nervioso central (el cerebro) y el tracto gastrointestinal, al que a menudo se le llama el “segundo cerebro”. Por esta razón, muchas emociones o situaciones de estrés que experimentan los niños (como problemas en el colegio o ansiedad) pueden manifestarse como molestias o dolor abdominal real, sin que exista una enfermedad orgánica de base.
Sin embargo, como padres, es fundamental aprender a identificar los signos de alarma que podrían indicar una patología de mayor gravedad y que requieren atención médica.
Señales de Alarma: Cuándo buscar ayuda médica
Si el dolor abdominal de tu hijo se presenta junto a cualquiera de los siguientes síntomas, es momento de una evaluación médica especializada para descartar una causa orgánica.
1. El tipo de dolor
Un dolor funcional (por estrés o gases) suele ser vago, intermitente y localizado «alrededor del ombligo». Las alarmas se encienden cuando el dolor:
- Despierta al niño por la noche: Un dolor que interrumpe el sueño rara vez es funcional.
- Es súbito e incapacitante: Si el dolor es tan intenso que el niño no puede caminar, saltar o se retuerce de dolor.
- Está bien localizado: Especialmente si el dolor es constante y se ubica en un punto específico, como la parte inferior derecha del abdomen (lo que podría sugerir apendicitis).
2. Vómitos persistentes o inusuales
Un vómito aislado puede no ser grave, pero debes buscar ayuda si:
- Es persistente: Ocurre repetidamente y el niño no tolera líquidos.
- Es de color verde (bilioso): Esto puede indicar una obstrucción intestinal.
- Tiene sangre: Ya sea sangre roja fresca o con apariencia de «posos de café».
3. Fiebre
Una fiebre leve puede acompañar a muchas molestias, pero una fiebre alta (superior a 38.5°C) que se presenta junto con el dolor abdominal es un claro indicador de un proceso infeccioso o inflamatorio dentro del abdomen.
4. Cambios en las deposiciones
- Diarrea con sangre: La presencia de sangre fresca o mucosidad en las heces nunca es normal.
- Heces negras: Deposiciones de color negro y de consistencia pegajosa (como alquitrán) pueden ser señal de sangrado digestivo.
- Estreñimiento severo y repentino: Especialmente si se acompaña de hinchazón y vómitos.
5. Impacto en el estado general del niño
- Pérdida de peso o retraso en el crecimiento: Si el dolor es crónico (dura semanas o meses) y notas que tu hijo no está ganando peso o incluso está perdiendo, podría deberse a un problema de malabsorción o una enfermedad inflamatoria.
- Palidez o falta de energía: Si el niño se ve decaído, muy pálido o inusualmente somnoliento junto con el dolor.
¿Qué hacer si identificas una señal de alarma?
La presencia de alguno de estos síntomas requiere una evaluación médica especializada para determinar la causa y establecer el tratamiento adecuado. No dudes en consultar con un especialista.
Consejo: Observa con atención los síntomas de tu hijo, anota la frecuencia y no ignores cambios en su apetito, crecimiento o bienestar general. Un diagnóstico temprano siempre marcará la diferencia.






